Los Golpes de Estado de estado sí viles

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Jorge Luis Oviedo

    El Golpe de Estado del 28 de junio de 2009 (ya pronto hará 11 años), que se le propinó a José Manuel Zelaya Rosales en Honduras,  marcó el inicio de una nueva modalidad de “sustituciones presidenciales incómodas” a los intereses  de EEUUU y sus aliadas  (o adquiridas) oligarquías locales  en América Latina.
    Son golpes de Estado con la sustitución del Ejecutivo desobediente y, a veces, rebelde y desafiante de la normal tradición servil a los intereses oligarcas de los centros hegemónicos occidentales de EEUU Y Europa.
    Son golpes de Estado con careta civil; pero con actuación verdaderamente sí vil.

Los Golpes Estado de la primera tradición

Los primeros golpes de Estado que hubo en la región Centroamericana, como el que le propinó José Justo  Milla (1794-1838) a Dionisio de Herrera (1781-1850) en complicidad con el entonces Presidente de la República federal de Centro América (Constitución de 1824), Manuel José Arce ( 1787-1847) en 1827, no hubo influencia extranjera, fueron expresión de las contradicciones de clase, de la inexperiencia en el manejo del poder y, sobre todo, reflejo de 300 años de autoritarismo colonial.
    Asunto diferente sería la posterior desintegración de la Federación Centroamericana en la que sí es notoria la mano de los ingleses a través de su cónsul Frederick Chatfield.
    Durante los años en que Francisco Morazán fue Presidente de la Federación trató de no rendirse ni enredarse en las lisonjas de los ingleses y , probablemente, por esa razón había negociado con los holandeses la construcción del canal interoceánico a través de Nicaragua, la ruta natural para unir el Atlántico (desembocadura del río San Juan, el Estrecho Dudoso, con el Pacífico) aprovechando el Gran Lago, origen del río, y los pocos kilómetros de tierra firme que separan el lago del océano Pacífico.
    Por cierto; décadas más tarde, un empréstito de capital inglés a un Gobierno Hondureño, de seis millones de libras, contratado para construir un ferrocarril interoceánico, sería el primer gran acto de corrupción en la historia del país.

    Golpes e Imposiciones foráneas

    Aprovechándose de la inestabilidad de lo que fuera el antiguo Virreinato de La Nueva España, veremos cómo la doctrina del destino manifiesto se puso en práctica. Por cierto en México se volvió usual el término «Plan». A partir del que puso fin a la confrontación interna que arrancó en 1810 y culminó con lo que se conoce como el Plan de Iguala de febrero de 1821; y del que surgió por derivación el efímero Imperio de Iturbide.
    México, llamado a ser el hermano mayor, al menos en toda el área mesoamericana, no logró estabilizarse políticamente. De ahí que su inestabilidad fuese aprovechada por un sector criollo que se vendió a los intereses franceses (monárquicos en ese momento, tal el recorrido en que derivaron los años heroicos y sangrientos de la Revolución Francesa) y Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena convirtió de nuevo a México en Imperio (1864-67), con lo cual EE UU que Había  en auxiliado y seguía reconociendo a Benito Juárez (1806-1872) como legítimo Presidente de México (1858-1872), culminó su hazaña de anexión de los Estados rebeldes del Norte mexicano y los convirtió, con el transcurrir de las décadas en los Prósperos Estados del Sur de EEUU. Aunque con un genocidio de  por medio en tanto se construía el sueño del primer Ferrocarril interoceánico del continente Americano, en guerra abierta con las etnias nativas de Norte América (aquellas que habían recibido con buen  trato a los primeros aventureros migrantes que huían muchos de la intolerancia religiosa) a las que, finalmente, vencieron, matándolos de muy diversas formas, entre otras por hambre, al eliminar sistemáticamente decenas de millones de bisontes a nombre del Progreso y la Civilización Occidental.
    Está claro que esa situación se debió, por una parte, a la inestabilidad política mexicana y a la expansión que deseaba la emergente nación anglosajona en tierra americana, una colonia criolla europea con las mas mismas ansias de expansión y colonización que la de sus ancestros conquistadores. No es casualidad que esa herencia y su ideología del destino manifiesto los llevaran a convertirse, después de la segunda Guerra Mundial en el amo de Occidente.

América para los europe-americanos

    EE UU, pues, luego de hacerse con Texas, Nuevo México y California, entre otros nuevo Estado,  aparecería, particularmente en Nicaragua, con algunos aventureros atrevidos.
    Así William Walker se proclamaría Presidente de Nicaragua, cargo que ejercería durante diez meses, entre 1856-57) y finalmente culminaría fusilado en Honduras en 1860.
    Ya para finales del siglo XIX la presencia e influencia de USA en Latinoamérica era bastante evidente. Participó abiertamente en la independencia de Cuba –con sus falsos positivos, haciendo explotar uno de sus buques y culpando a España–, en Centroamérica las compañías Fruteras o bananeras, fueron, por décadas, las principales auspiciadoras de conflictos entre países y de disputas entre facciones: poniendo y quitando presidentes.
    En el caso de Honduras, desde Manuel Bonilla (1849-1913)  hasta la salida de López Arellano en 1975 quien participó en tres golpes de estado. Ed dos asumió el cargo de Jefe de Estado; y se hizo elegir Presidente en Elecciones Estilo Honduras en 1965. Ese tipo de elecciones fraudulentos con descaro se reeditadas en 2013 y, sobre todo, en 2017.
    Las fruteras fueron, en gran medida, las que de la mano con el caudillo de turno, las que dictaron el destino total o parcial en Guatemala, Honduras, Costa Rica, Ecuador y Colombia.
    Hoy esa influencia es insignificante y, si acaso, parte del poder fáctico oligarca total; pero la del Departamento de Estado, que ordena la vida desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial es omnipresente y avasalladora.

    Por ejemplo, fueron influyentes y cautelosos, cuando le pusieron fin al Dictadura de Carías; y en su lugar dejaron como sucesor a un personaje de talante afable, pero hombre de confianza de las fruteras  (Juan Manuel Gálvez –1950-54); en cuyo mandato se «modernizó» el Ejército. Ya en 1947, Estados Unidos había enviado su primer Embajador al país, elevando así la categoría de la representación; pero, sobre todo, su influencia directa para seguridad de su política intervencionista en la región.
    Así que no es casual que  modernizado ejército, se volviera anticomunista y enemigo de cualquier proceso revolucionario.

Golpes de Estado y Anticomunismo Militar

    Pronto se  proclamaron como FF AA, con el primer Golpe de Estado, estrictamente, militar que registra el país, en 1956 (21 de octubre).
    Así que desde esa fecha la Embajada de USA, el Comando Sur, la CIA y el Departamento de Estado, han estado involucrados unas veces con intensidad y otras ocasiones con disimulada complacencia.
    Pero esto  no sucedió solo en nuestro país. Prácticamente todos  los ejércitos de América Latina se “modernizaron” bajo la tutela de Los Estados Unidos; y, como es bien sabido, esta profesionalización  permitió  a USA hacer valer aquella máxima de Quincy Adams que sintetiza la doctrina Monroe: “América para los americanos”. Y fue así, porque la Segunda Guerra Mundial convirtió a Los Estados Unidos de América en el Imperio más poderoso de Occidente, con lo cual su influencia se extendió al mundo entero y se asignó, para sí, con «plena autoridad», Latinoamérica.

Lo demás es historia conocida, tanto en el ámbito de su influencia política como en la organización de los ejércitos.

Recapitulando: los Filibusteros primero, las compañías fruteras y mineras después, junto a los cónsules habían sido en los siglos XIX y primeras décadas del  XX, los que dictaban  el rumbo de los gobiernos, unas veces más y otras un poco menos; inclinándose ora aquí, ora allá, según convenía a sus intereses. Empero, después de la Segunda Guerra Mundial la relación bilateral se impuso como “el trato más civilizado” y cesó la influencia de los cónsules (mayordomos) por la de los embajadores. Las visitas de los presidentes bananeros, mineros o cafeteros a la capital de USA, para informar y recibir «indicaciones» en la Casa Blanca;  y muy de vez en cuando, las visitas de cortesía del Jefe Blanco de EE UU para felicitar a sus mayordomos locales por ser fieles cumplidores de sus ordenanzas.

Por supuesto, lo más importante fue, hasta 1990, formar la gendarmería para evitar la expansión del comunismo soviético y controlar a las élites políticas locales, cuando se mostraran muy reformistas o revolucionarias, inclusive.
    Así los Rómulo Gallegos en Venezuela, los Jacobo Árbenz en Guatemala, los Juan Domingo Perón en Argentina, los Juan Bosch en Dominicana, los Salvador Allende en Chile, entre tantos otros que sufrieron golpes de estado o fueron eliminados (Jaime Roldós, Omar Torrijos)  marcaron la pauta del ciclo de las dictaduras militares que surgieron para detener o contener la amenaza Comunista. Pero
algunas veces los Jefes de esas Fuerzas Armadas
terminaron por desviarse del camino, por la necesidad de dar respuesta a  la agobiante pobreza y desigualdad imperantes, tal es el caso de  Torrijos en Panamá. El que más reformas logró realizar al interior de su país. A esto debe sumarse su capacidad para relacionarse con países no alineados con USA y, de paso, obtener la devolución de la Soberanía del canal de Panamá. Claro, tanto éxito lo llevaría a ser  “eliminado” a través de un accidente aéreo.

Los cierto es que las propias Fuerzas Armadas, como se le denominó a la mayoría de ejércitos en Latinoamérica durante su control del poder, debieron ser “corregidas”, cuando profundizaban en los procesos reformistas; de ese modo al General en Jefe, lo sustituía otro General o una Junta Militar (los triunviratos fueron frecuentes) y todo volvía a la calma en el Departamento de Estado y en los influyentes sectores oligárquicos criollos que, cada año, fueron incrementando su capacidad económica y sus niveles de cabildeo en Washington.

Las Oligarquías locales dan paso al frente contra sus pueblos

Básicamente fueron tres los sectores oligárquicos que sucedieron a los grandes terratenientes que controlaban poder y haciendas durante la época colonial, en el siglo XIX y buena parte del siglo XX. Son los agroexportadores (la generación moderna de terratenientes que  surgieron al amparo de las compañías fruteras en algunos de nuestros países), los banqueros y los magnates de los medios de comunicación que, además se volvieron, ya en la última década del siglo XX, igualmente importadores monopolistas y beneficiarios principales de las privatizaciones de las empresas estratégicas del Estado.
    Estas empresas de Telecomunicaciones, Energía, Fábricas de Cemento, entre otros habían surgida en la segunda mitad del pasado siglo, como parte de la política crediticia internacional y con el cuento de que desarrollarían los países periférico y reducirían las desigualdades económicas y sociales entre ricos y pobres. También fue parte de la estrategia para contrarrestar la expansión Comunista.
    El resultado final es que, en 70 años, la gran mayoría de países alrededor del mundo ha presenciado cómo algunas de las grandes fortunas locales se han construido con el sufrimiento, la marginalidad, la expulsión forzada, el desempleo y la creciente criminalidad a que han sido sometidos millones de personas.           
    Honduras no se enfrascó en una guerra civil en las décadas de los setentas y ochentas como Guatemala, El Salvador y Nicaragua, porque entonces no era tan desigual y, sobre todo, debido a la existencia de actividades productivas familiares tanto en lo agropecuario como en lo artesanal. Hoy es uno de los países más desiguales, con mayor criminalidad, migración, corrupción, violaciones de derechos humanos y con un régimen, posterior al golpe de estado de 2009, salpicado (más que una persona con varicela) por narco tráfico de alcaldes, diputados y familias presidenciales.

    Así, pues, las actuales oligarquías latinoamericanas con sus aliados externos se han  consolidado al ser consecuentes con las imposiciones geopolíticas de USA y sus aliados europeos.
    Por eso, pese a la ascensión al poder, en casi todos los países de América del Sur, de gobiernos «reformistas del Consenso de Washington o del Neoliberalismo», en la primera década y parte de de la segunda en lo que va de este siglo, los cambios que  han realizado se encuentran todavía a nivel de la epidermis estructural, pues el sistema, es decir, las oligarquías, después de muchas décadas, son lo suficientemente fuertes como para asumir cierto nivel de autonomía en la toma de decisiones.
    Esas posturas, en lo político, nos pueden parecer retrógradas, cavernarias, etc.; pero a ellas (las oligarquías) les resultan necesarias, para hacer valer su condición de amos.
    Una de las debilidades de los gobiernos progresistas y de los sectores populares (de izquierda) es el menosprecio a las oligarquías; pues consideran al oligarca latinoamericano un ignorante  o un mediocre (hay toda una suerte de epítetos que reflejan estos criterios superficiales) y así, lejos de contribuir a forjar el conocimiento necesario del real enemigo de clase, se cae en la pancarta y en el desahogo emocional; y se descuida  la organización social adecuada para aspirar al control del poder y no solo a las tradicionales reivindicaciones laborales que hoy, por hoy, son cada vez menores y distantes.
    De esta suerte resulta difícil,  y casi imposible, organizar los sectores populares para concertar y definir estrategias que permitan el consecuente apoyo a los procesos de cambio y al enfrentamiento adecuado del verdadero enemigo; este último, dueño de los medios de producción, se muestra más eficiente en sus estrategias, así con gran facilidad desacredita a los gobiernos progresistas, a los líderes gremiales y sindicales; y enarbola discursos en todas las direcciones de su conveniencia y, en última instancia, cuando estas no son suficientes, después «del divide y vencerás», aplica la otra máxima atribuida a Maquiavelo: «el fin justifica los medios»; dejando como última opción, la intervención quirúrgica, como dicen los médicos, que, en política, no es otra cosa que un golpe de estado.

Los golpes sí viles
o del pragmatismo posmoderno

    Debemos interpretar, por tanto, estos golpes de estado, el de Honduras, Paraguay y Brasil (pasando por los encarcelamientos de Lula en Brasil –para que no fuese candidato en el último proceso electoral– y el del Vicepresidente, Jorge Glas, en Ecuador) y el Golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia, como la consolidación de las oligarquías locales protegidas por USA y la derecha internacional, pues ahora, sus gendarmes (Policía y Fuerzas Armadas) no asumen el control total del poder como sucedía en el pasado ciclo de las dictaduras militares; aquellas que,  en Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Chile, Paraguay, Argentina, Uruguay, resultaron sanguinarias e impresentables a los ojos “civilizados y santulones” de Europa o los propios EE UU.
    El experimento golpista hondureño (el primero en este siglo XXI baja las nuevas alternativas) que culminó con la Presidencia (por su viraje a la «izquierda») de José Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009, no fue un golpe improvisado. Tampoco lo han sido todos los demás hasta el Evo Morales.
    Se pretende, en el menor de los casos, atrasar los procesos y desorientar amplios sectores de la población que olvidan que todo proceso requiere, por lo menos, una generación para consolidarse. Quizás allí está la clave, en buena medida, del proceso que se inició en Venezuela en 1999 bajo la sólida conducción de Hugo Chávez.

    Por otra parte, cuando revisamos la estrategia hegemónicas de EEUU, descubrimos que desde los noventa,  después del colapso del bloque Soviético, no solo se impuso el Consenso de Washington, sino que EE UU, además del control militar pasó a “asesorar y profesionalizar la Policía, las Fiscalía, los Jueces… en realidad a tener control total de los Estados Latinoamericanos, ahí donde se los permitieron.
    Por ello dieron sendos golpes de estado parlamentarios en Paraguay –2012– y Brasil –2017–; por eso con un complot de fiscales y jueces encarcelaron a Lula en Brasil –2018– y  evitaron que retornara al poder político y con una campaña mediática y el papel servil del Secretarios General de la OEA, pactaron otro golpe de Estado en Bolivia e impusieron a la impresentable y circense señora Añez.
    Ahora, en tanto no surjan formas de organización de base, en las ciudades, en los barrios, en las aldeas y en las provincias, estos países estarán condenados a más siglos de sufrimiento, de exclusión, de servidumbre; porque lo que seguiremos presenciando serán las dictaduras “democráticas” de las oligarquías, quitando y poniendo presidentes cuando lo estimen necesario. Esto lo denominan estabilidad democrática e institucional: gobernanza.
    Y ocurre, porque los principales enemigos de los sectores populares son la ignorancia, el miedo, la tacañería y la ilusión.
    Entre los ciudadanos necesitamos dudantes en abundancia y pocos creyentes; necesitamos poblaciones altamente politizadas y estudiosas de su realidad para asumir el control (en colectivo) de su destino. Para que dejen  de estar repitiendo como loros que  faltan hacen líderes. Lo que falta es debatir las idea que pululan por doquier, organizarse y decidir en colectivo.
    Lo que nos demuestra la historia de nuestros países es que, en casi 200 años, hemos tenido pocos gobernantes identificados con el interés de las mayorías. «Mel  Zelaya» es uno de los que, en el caso de Honduras, se cuentan con los dedos de una mano.
    Pero, pese a esa carencia de Gobernantes y Gobiernos, en su conjunto, capaces y comprometidos con la forja de otra Sociedad más Justa, es que en esta última oleada los liderazgos no se han desgastado, pese a la avalancha de la propaganda de la Oligarquía mundial. Vivos están más que nunca los que ya murieron como Hugo Chávez o Fidel Castro; y, sobre todo, vivos y fuertes políticamente y con gran arraigo en los pueblos, está Evo Morales, Rafael Correa, Dilma Rousseff, «Lula Dasilva y Fernando Lugo. Y viva y más poderosa está «CFK» ejerciendo como  vicepresidenta.
    A mi entender debemos avanzar a democracias menos electoreras y más consultivas.
    Hacer del voto popular el  alma de la Soberanía de pueblos para forjar otro orden, un destino a la mayor proximidad posible de las grandes utopías.

jorgeluis @jloviedo57

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