El mito de la ganancia

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En la Ganancia de los Oligarcas 

Está la precariedad de los asalariados; la Miseria y la  Migración Forzada de Muchos Desempleados. 

Jorge Luis Oviedo

    La acumulación continua de capital y, por ende, de bienes, medios de producción, poder económico, político, militar, farmacológico, comunicacional, entre otros, constituyen el mecanismo esencial para acceder o mantenerse como parte  fundamental del Poder  y sus tentáculos. 

    El poder de las élites sufrió acomodos con las Repúblicas Modernas y la modificación o desaparición de muchas monarquías absolutistas, en especial, las europeas.

    El cambio esencial o, mejor dicho, la metamorfosis del sistema monárquico de servidumbre, al de capitalismo de sálvese quién pueda (esclavitud por rendición inducida) , está precisamente en hacer invisible el poder oligárquico (Sociedades Anónimas) y, en hacer posible que, muy de vez en cuando, personas que no nacieron entre la nobleza o entre los grandes acaudalados y poderosos de un país, se vuelvan millonarios y, por ello, paradigmas del éxito capitalista.

    Lo que no se dice es que uno por un millón, en un país pequeño, logra esta gracia cada dos o tres décadas; y en los países con economías más estables y con gran población, estas posibilidades pueden andar en uno por cada diez o veinte millones de personas. Otra forma efectiva en las últimas cuatro décadas en el mundo, han sido las privatizaciones. Las empresas estatales estratégicas o servicios en Educación y Salud han pasado a manos de particulares y así hemos presenciado cómo en Latinoamérica surgieron, en menos de una década una treintena de nuevos mil millonarios. 

    El capitalismo funciona como una lotería, es una derrota anunciada, un destino prefijado, una amargura programada para las mayorías. Para compensar esta dura realidad está el entretenimiento de masas, la alegría de pobre a través del entretenimiento masivo por sectores, edades y nivel de escolaridad: fútbol, series lacrimógenas, musicales, humor… opinión impuesta por el Sicariato intelectual; los nuevos Sumos Sacerdotes de la propaganda disfrazada de ciencia. 

    La posibilidad de la ganancia y, lógicamente, de la acumulación continua de riqueza que abre el camino al poder es de una en un millón o de una en diez millones. 

    Esto quiere decir que no existe una sociedad de oportunidades, sino un mundo organizado por y para los grandes oportunistas o depredadores: Homo predator. 

    En cualquier proceso  productivo nacional, regional o mundial, la ganancia, mejor dicho, aquello de lo que se le despoja a muchos, quedará en pocas manos. 

    De lo contrario no hay ganancia, sino reparto, intercambio con equidad,  tal como ocurría mayoritariamente (con la excepción de las culturas del Mediterráneo y algunas otras partes de Europa y no tanto de Asia) o como sucede todavía en una familia numerosa o en algunas comunidades nativas que no se han incorporado al “progreso” capitalista impuesto por los europeos de América del Norte, muy especialmente. 

    La ganancia (plusvalía o valor extra, pero este sentido, aunque más técnico, no me satisface), entiéndase, pues, es el proceso necesario  que da sentido al ahorro: esa acumulación continua que, tiene como fin último, participar del poder, cuando tovavia no se es parte de él; porque de lo contrario se pone en riesgo ese círculo “mágico” de acumulación continua; que es también, un círculo vicioso de endeudamiento, empobrecimiento, exclusión y derrota continua para la gran mayoría de pequeños y medianos emprendedores y  asalariados. 

Se exceptúan los que rodean protegen y apoyan de distinta forma a los grandes acumuladores  y paradigmas del éxito capitalista, cuyo porcentaje suele ser parte del 1% con mayores ingresos. 

    Lo que pasa es que en ese 1% encontramos ingresos de €500.000 anuales en la décima más baja; e ingresos y acumulación de bienes que sobrepasan los €500,000,000.00 en la centésima más alta. 

    Ser rico, es decir, un magnate; un oligarca local, por ejemplo, permite participar del poder de un país tercermundista. Permite conformar una familia agro-exportadora, tener cadenas de tiendas y supermercados con unos pocos productos locales y muchísimos importados; permite ser accionista principal o importante en varios bancos, financieras, compañías de seguros, redes de droguerías, hospitales; permite ser dueño de cadenas de radio, televisión, accionista de empresas de telefonía, propietario de entidades deportivas. También permite ser filántropo, financiar partidos políticos, recomendar empleados de confianza para que sean Secretarios de Estado, Asesores presidenciales, presidentes de la República, presidentes de organizaciones empresariales… 

    Ser oligarca internacional permite todo lo anterior a escala planetaria.

    Eso es participar realmente de la ganancia o del despojo legalmente establecido. En esas circunstancia cobra sentido que el 1% más rico (más acumulador del mundo) se quede con el 87% de la ganancia del producto interno bruto mundial de un año. 

    A comienzos de los años noventas del pasado siglo XX, los Informes Sobre Desarrollo Humano de la Naciones Unidas, nos indicaban que el 20% más rico del mundo se quedaba con 80% del PIB mundial. Hoy nos los informa OXFAM Internacional; y nos recuerdan alarmados que el 1% más rico  se queda con el 87% de la ganancia del PIB mundial. 

    También es muy importante recalcar que ahorro y ganancia son palabras que resultan una misma cosa en la práctica: ACUMULACIÓN de RIQUEZA y, por extensión, participación en el poder real.

    El gran equívoco está en que muchas personas consideran que cualquier ingreso monetario es una ganancia. Por ello llaman ganancia, incluso, al salario o sueldo que devengan o a la paga que se les otorga por un trabajo o la venta de algún producto agropecuario que lograron obtener con esfuerzo.

    Primero Adam Smith y luego David Ricardo y, sobre todo, Marx, explican de dónde procede el valor de un producto: el tiempo invertido en su fabricación, recolección, producción. Por tanto no existe ni la ganancia ni la gratuidad, sino el desigual  reparto o la desigual distribución de lo que se produce con el esfuerzo de la mayoría y con la eficiencia de las máquinas inventadas por otras personas, que raramente son los acaudalados capitalistas. 

    El artesano, el campesino o la persona que decide ofrecer sus servicios “en lo qué sea”, es decir, labores manuales ordinarias: barrer, jardinería, recoger basura, nada saben de esto y, de paso, el hambre y la desesperación, los abruman de modo que aceptan cualquier cantidad por intercambiar un producto agropecuario o por hacer un trabajo de lo qué sea.

    Así que llamar ganancia a una pequeña retribución que ni siquiera cubre las necesidades básicas de una persona y, menos aún, las de una familia se torna una expresión cotidiana, pero también una costumbre o tradición que culmina por domesticar a campesinos, obreros, profesionales y pequeños emprendedores que sueñan con ser, algún día, los nuevos magnates de las comidas rápidas o de las ventas al por menor. 

    Recordemos que el capitalismo es, por su necesidad de optimizar la acumulación de riqueza, un sistema que provoca sobre explotación y marginalidad laboral. 

    Estos dos aspectos, como se sabe, son claves para entender la precariedad de los salarios y el desempleo. Ambos fenómenos se han visto incrementados excesivamente, incluso en los países con mayor desarrollo industrial y humano en las tres  últimas decadas de neoliberalismo o Consenso de Washington, como se le denominó, dicha IMPOSICIÓN, para Latinoamérica. 

    En la periferia se ha visto incrementada exageradamente la criminalidad y la migración; y en los países hegemónicos el rechazo a los migrantes.

    Ninguno de estos fenómenos es casual; son todos causas del mismo efecto: las prácticas depredadoras del capitalismo legal y opresivamente impuesto. 

    En tanto no surjan formas de organización, entre los que conforman el 90% de la población (para no exagerar), destinadas a favorecer la equidad en la distribución de los bienes materiales y el acceso a los beneficios de los  inventos que la humanidad, a través de sus distintas naciones ha hecho, continuaremos, como mayoría, en condición de meros espectadores y al servicio  de una élite depredadora capitalista que lo controla todo.

    El mundo está organizado para beneficio de las minorías acaudaladas, como antes lo estuvo para los esclavistas o para las monarquías absolutistas. 

    Hay, sin embargo, una diferencia en la forma, y es que David no ha vuelto a derrotar a Goliat, porque éste se volvió invisible; posee tentáculos en los poderes políticos republicanos, controla la inventiva, la ciencia, las armas, los fármacos, el entretenimiento de masas y, por ende, el destino de la gran mayoría a través de sociedades anónimas, organismos internacionales de crédito, cortes internacionales… 

    De ahí que necesitamos, hoy más que nunca,  hacer valer, como Ciudadanía, la igualdad política, igualdad a la hora de decidir el destino próximo, el destino de la década que está comenzando. Y esa aspiración posible con organización, más  que con reclamo de calle, la he plasmado en verso como sigue:

DECLARACIÓN DE LA IGUALDAD DE DERECHOS, DEBERES Y ACCESO A RECURSOS,  BIENES Y SERVICIOS DE LA SOCIEDAD

Nosotros,

el pueblo soberano,

por amplia mayoría

y en uso de nuestra 

autodeterminación,

nos declaramos

iguales 

en derechos y deberes;

y en el acceso a los recursos naturales; 

así como los frutos que su tierra produce,

con el esfuerzo de los campesinos;

nos declaramos iguales 

en el derecho al acceso

a los bienes que fabrican los artesanos

con su laborioso ingenio y 

a los que se fabrican industrialmente

con la celeridad de las máquinas;

nos declaramos iguales

en derechos al acceso 

de todos los servicios 

que como sociedad podamos darnos

con nuestra organización, esfuerzo y sabiduría;

nos declaramos iguales

en derechos al acceso

de los beneficios

derivados de descubrimientos

científicos,

de inventos tecnológicos 

que hagan más agradable la vida

y que nos permitan disponer 

de más tiempo libre 

para la contemplación o ejecución 

de las artes y los deportes

según el gusto de cada uno;

así como de todo aquello

que no se haya mencionado,

pero resulte favorable a los miembros

de esta sociedad.

Nosotros

el pueblo soberano,

por amplia mayoría

y en uso de nuestra 

autodeterminación,

declaramos 

extinta la propiedad privada

sobre la tenencia de la tierra;

porque estará siempre

a disposición de quienes 

más disfruten producir

los alimentos que la sociedad requiere 

para su adecuada nutrición.

Cúmplase

Nosotros

el pueblo soberano

por amplia mayoría

y en uso de nuestra 

autodeterminación,

declaramos extinguidas

las costumbres

que por siglos y siglos

han provocada que la gran mayoría

de personas estén atadas 

a la esclavitud

o la servidumbre por falta

medios suficientes de subsistencia;

nos referimos al endeudamiento,

a la explotación,

a la prostitución,

a la segregación,

a la migración forzada,

a la humillación y el envilecimiento

y a todos las formas de trato degradante

a que conduce que unos pocos,

para su provecho exclusivo,

decidan por toda la sociedad

y se apropien de la mayor parte 

de lo que se produce,  fabrica, construye

o inventa con el esfuerzo de todos o casi  todos.

Cúmplase.

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