Remesas: Oxígeno para los importadores

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Jorge Luis Oviedo

Es una desvergüenza lo que ocurre con las remesas que más de cuatro millones de centroamericanos originarios del Triángulo Norte envían a sus familiares.

Estos migrantes forzados son parte de las numerosas víctimas que produjo el neoliberalismo: ese conjunto de imposiciones productivo-comerciales que han imperado en el mundo durante las últimas cuatro décadas.

Esa divisa extranjera, si bien ayuda a los familiares(pagada en moneda local), queda luego a disposición del sistema financiero y los importadores.

Es una realidad perversa impuesta por las políticas que se derivaron del “Consenso de Washington”.

En la década de los Ochenta del pasado siglo hubo conflicto interno en Nicaragua (Sandinismo vs Contrarrevolución); sendas guerras civiles en El Salvador y Guatemala; y una participación directa de Honduras en apoyo a la Contrarrevolución y al Ejército Salvadoreño. Claro, con mucho más que el beneplácito de USA y sus ejecutores regionales: El Comando Sur y la CIA.

Esos conflictos internos de Centroamérica también fueron propiciados por la política guerrista de USA en lo que consideran su patrio trasero. De modo que se vieron obligados a recibir mucho refugiado salvadoreño, guatemalteco y nicaragüense.

Sin embargo, es durante las últimas tres décadas y, en especial, en los 20 años que va de este siglo, que la migración forzada ha sido muy intensa.

Samuel Huntington en ¿Quiénes Somos? (2004), muestra su preocupación por el futuro de la identidad de los europeo-americanos, que aún son mayoría en USA. Pero la preocupación cobra sentido, precisamente por la masiva y progresiva migración de latinoamericanos que experimentó la última década del siglo XX.

Esos millones de migrantes son una respuesta refleja de los más pobres al cierre masivo de emprendimientos familiares: talleres de costura, carpintería, zapatería, ladrilleras, entre otros, que alcanzaría luego industria textil local, farmacias, comidas, etc.

Ese es el origen de las migraciones masivas de latinoamericanos.

El Neoliberalismo es una manifestación de la gula económica. Es el exceso de la ebriedad de los que, lanzando bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas, se erigieron en los nuevos señores de Occidente después de la Segunda Guerra Mundial. Y se pusieron más ebrios todavía, cuando se desintegró la URSS (1991).

El protestantismo no podía retractarse y siguió fiel a la bendición de la acumulación obscena de riqueza. De allí el desequilibrio que provocaron las privatizaciones innecesarias, el incremento de los interese en los préstamos a través del Banco Mundial o del BID a Latinoamérica; y la imposición de tratados de «libre comercio», para avasallar totalmente la producción artesanal e industrial a pequeña escala de estos territorios sometidos a las practicas depredadoras europeas (capitalistas) desde hace 528 años.

EE UU vio incrementada la drogadicción (10% de su población es adicta), la reducción de su cacareada clase media, etc. ; y vio cómo la migración forzada de latinoamericanos se incrementó año con año de forma alarmante.

Según el censo de EE UU (2019) hay unos 60 millones de latinoamericanos como parte de los 325 millones de población total.

En 2018, Estados Unidos y México, deportaron 196 mil centroamericanos del Triángulo Norte.

Las cifras de deportados son las más precisas. No ocurre lo mismo con la cantidad de personas que logran ingresar ilegalmente a USA cada año; aunque desde las organizaciones de derechos humanos que brindan atención a los migrantes, se estima que cerca de la mitad de migrantes logran cruzar la frontera y quedarse laborando.

La respuesta de la actual Administración es, con más de 2500 años de retraso respecto a China, construir un muro para controlar la invasión de los indeseables vecinos de sus patios traseros. Esos territorios que después que los asolaron los europeos por 300 años, ahora los despoja de todo lo que se pueda, el flamante Imperio (no declarado) de EE UU que, curiosamente, tiene centenares de bases militares por todo el mundo.

Volviendo al asunto principal de este escrito, las remesas, tenemos que el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) estimó que América Latina y el Caribe recibió entre US$93,000 y US$94,000 millones en 2019, bajo el concepto de remesas familiares.

         Hasta diciembre de 2019, las remesas familiares de Guatemala sumaron US$10,508.3 millones; las de Honduras US$5,023.6 millones y las El Salvador fueron US$5,650.2. Por su parte, en el mismo período, México recibió US$32,965.2 millones. (Fuente BCR de El Salvador)

Así nos encontramos con que estos expulsados del Triángulo Norte de Centroamérica –víctimas, de la decisión del poder real y permanente de EE UU y las élites locales traidoras– son los que más contribuyen a la captación de divisas.

Sin embargo, los más beneficiados son los grandes importadores de automóviles, cerámica para pisos, aglomerados de madera y otros materiales de construcción; electrodomésticos nuevos y usados; vestimenta y calzado usados; y otras muchas baratijas innecesarias y, además, contaminantes, que provocan más y más desempleo año con año; más criminalidad, prostitución, narcotráfico y más control de la institucionalidad del Estado departe de USA.

Es muy grave que esa divisa no sea usada para mejorar la capacidad productiva de nuestros países, ni el nivel de desarrollo humano de la población en general: mayores y mejores servicios de salud, educación, salubridad, vivienda, etc.

Por el contrario, al ser usada (la divisa) por los grandes importadores regionales, lo que genera es un círculo vicioso y perverso de desempleo, precariedad, migración forzada, criminalidad, pobreza extrema.

Para toda Centroamérica, las exportaciones extrarregionales fueron de USD 22,010.09 millones (2019), y la suma de las remesas de los países del Triángulo Norte es de USD 21,182.1.

Mientras los ingresos por remesas representan un aporte total (100% de beneficio a la población); las cifras de las exportaciones corresponden al reporte de la facturación; de modo que el porcentaje de utilidad o beneficio real para la población es significativamente menor; más allá de que esos dólares contribuyan a la balanza del intercambio.

«En cuanto a las importaciones de bienes totales, estas ascendieron a USD 72,743.2 millones al cierre del cuarto trimestre de 2019. …Las importaciones extrarregionales representaron el 85.8% del total importado …mientras que las importaciones intrarregionales representaron el 14.2% del total importado con un crecimiento interanual del 2.1%» (Fuente, Portal de La SIECA)

Es muy fácil comprender que el déficit comercial de Centroamérica es evidente; pero también queda claro que si las remesas se usaran para favorecer el empleo local e importar realmente aquello que es imposible de producir en nuestros países, las condiciones de la población, aún bajo las codiciosas prácticas capitalistas, sería mejor.

agosto, 2020. A veinte años del genocidio provocado por las bombas atómicas que USA (el mayor Estado terrorista del mundo) lanzó sobre dos ciudades japonesas en agosto (6 y 9) de 1945.

 

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