Crónicas de las revoluciones

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A propósito del 198 aniversario de la Declaración de Independencia de La Capitanía General de Guatemala ( Centroamérica)

CRÓNICA DE LAS REVOLUCIONES

–o de las revoluciones muchas que por estos lares habido han–

Por BERNAL NOCHES, El Atrasado

Compilación y edición de Jorge Luis Oviedo

Fuente: Las Crónicas del Atrasado

Escríbese o háblase en esta crónica o coronica no de las rotaciones que un disco, rueda  u objeto hace sobre su propio eje, como los trompos, o como la tierra para que la noche y el día existan;  sino de las revoluciones que los pueblos hacen o dejan de hacer o se inventan, como las que acá visto he.

Honduras es un país de revoluciones muchas, iniciadas todas y concluidas ninguna, según demuéstranlo los registros históricos, porque en esto yo nada invento, sino que refiérolo de tal cual es o sucedido ha, con el mío estilo, porque crónica no puede existir que apropiada sea, si no indentifícase del autor su estilo y si tampoco la verdad dice.

Son, pues, las mías crónicas verdaderas, que comprobarse pueden en las fuentes históricas; pero que otros olvidan dar importancia a ciertos acontecimientos y que por eso piénsase son resultado de la mera imaginación  mía; que ya quisiera yo exceder a natura o a los hechos que en ella prodúcense; que no creo en el mundo exista quien exceder pueda, siquiera, los hechos que aquí, en estas Honduras en que vivir tocado me ha mis últimos años, su prodigiosa realidad; que aunque parécelo fantástica en mucho, es real o verdadera en todo.

Así, pues, es este el país de las revoluciones declaradas o proclamadas por los sus padres o promulgadores, pero todos a medio camino abandonadas son, ya porque quienes proclamáronlas terminarlas no pudieron porque otros no dejáronlos concluir o, bien, como más frecuente ha sido, porque el rumbo perdieron de lo que hacer querían o porque encontraron en el camino, es decir, durante la su presencia en el poder, que mejor era aprovecharse de él, para se enriquecer ellos y sus familias, y a las mayorías ilusionadas burladas dejar.

Una cosa reconcen todos que prodúcese en estas Honduras al térmnino de cada Gobierno, haya sido este de derecho o de facto y es que nuevos ricos aparecen y retíranse a las sus casas de ciudad y campo a llevar una vida sin trabajo y de lujos muchos y de andar de aquí para allá, mucho en el extranjero y viviendo solamente de los intereses que sus depósitos producen en las Bahamas, Miami o Suiza.

Pero hablar no quiero del producto que las revoluciones o reformas, contra reformas, asonadas, cuartelazos, golpes de estado, sucesiones presidenciales o como la chingada (que esto aprendido lo he en México)  les dé por llamarle, dejan, sino de cómo estas revoluciones se quedan, todas, sin concluir.

La primera  revolución, y que sí puede llamársele tal; pero esta no diose en Honduras solamente, sino en toda la América Central, poco después de que diérase una extraña independencia. Esto de la extraña independencia dígolo, porque no hubo acá levantamientos armados, sino una maniobra digna de hacer notar, aunque pocos han dádole importancia al suceso este; ignoro si es porque en verdad, para los grandísimos historiadores o estudiosos no tiénelo, o porque lo han pasado por alto o por muy bajo; vaya uno a saber.

A mi llámame la atención, porque otro suceso igual encontrado no he por esta América, en lo que investigado he.

Y es que resulta que el 15 de septiembre de 1821, fecha en que se proclamó la independencia, acá, en estas tierras que el alemán ilustre, Humbolt,   llamó “país de la eterna primavera” y con razón sobrada, la misma que ha hecho que yo quedádome haya por años muchos.

Resulta que esta independencia, pues, muertos no necesitó, ni  muchos ni pocos; ni de parte de los rebeldes (independentistas), ni mucho menos de los que preservar necesitaban el poder real para gloria y honra de nuestro rey de entonces; porque los mismos eran.

Así, los que, el 14 de septiembre de aquel año,    representantes eran todavía de nuestra Corona como Capitán General, uno  y como Secretario de éste, el otro, entre tazas de chocolate y no sábese si algún vino o licor también, decidieron con otros ciudadanos de la élite criolla, independientes de España declararse.

El ejército escaso, por cierto, según  sábese, pero mejor armado que cualquier grupo que rebelarse pudo, como habíanlo hecho los mexicanos y los argentinos y los chilenos y los venezolanos, entre otros, siguió bajo las órdenes del último Capitán General de Guatemala, que amanecido había, el día aquel, como jefe del nuevo Gobierno Provisional.

Su amigo y eficiente subalterno como éralo, sin duda, el organizador de aquella jugada magnífica,  al poco tiempo marchose a México (antes Nueva España), extenso territorio que llevaba ya más de una década de lucha por consolidar su independencia, a representar a los centroamericanos que anexado se habían al nuevo Imperio de Agustín de Iturbide.

A este varón, ilustre además, llamábanlo, por sus maniobras políticas, el sabio, aunque más lo era quizás por la profundidad y claridad de sus escritos; que encontrado no he otro que coparársele pueda en toda Centroamérica en el siglo  XIX. Llamábase este José del Valle y fue quien redactó el acta de independencia, que en otras naciones no redactaron acta ninguna, sino proclama y levantamiento, como los mexicanos, un 16 de septiembre de 1810, pero que solo terminaron de lograr la unificación de todas la provincias hasta el 27 de septiembre de 1821, con la entrada final del Ejército Trigarante en la ciudad de México, después que ese mismo año en febrero proclámase, El Plan de Iguala, un 24 de febrero de 1821, por parte de aquel Iturbide que fue Emperador efímero del “Imperio Mexicano”, con el tal Vicente Guerrero, que luego del tal Plan de Iguala, ya más bien volviose pacífico.

Y sábese que idea de él, digo del tal Valle,  y no de nadie más y muy afortunado creo,  en esto fue, de que se declarase la independencia por parte de quienes gobernaban Guatemala y sus provincias, porque si no lo haría el mismo pueblo, como bien dícelo en uno de los primeros párrafos de la tal acta de independencia.

Acá venerado es, mas poco leído, que cuando conversado he con algunos que políticos son, descubierto he que solamente conócenlo por estar en el billete de cien lempiras y no por lo que con mucho tino escribió sobre muy diversas materias, especialmente en la de economía política, donde se ve que conocía de sobra a los principales autores europeos.

Ignoran tanto sus escritos los políticos actuales, que tiénenlo a él por un conservador y defensor de las canonjías y prebendas coloniales, cuando fue el más libre pensador y el más liberal de los economistas americanos de su época.

Precisamente, duda no me cabe, que el tal Francisco Morazán, hombre de acción este, bueno para la guerra, de notable genio militar realmente, fue quien  transformar pretendió el régimen colonial español, por uno nuevo, el republicano; y estos cambios que decretó y a la práctica por algún tiempo llevó, junto con los que lo acompañaban en estos asuntos en los distintos estados de las tales Provincias Unidas de Centroamérica, como el de quitarles privilegios al clero y determinar que fuese el Estado el que asumiese la responsabilidad de educar la población y el que se abriesen las escuelas en los edificios que antes habían sido para uso de los curas; y declaróse abolida la esclavitud,  y pasó a reconocerse solamente el matrimonio civil, y confiscáronse bienes  a la Iglesia; y la justicia hízose  durante un tiempo con jueces independientes y púsose en práctica el habeas corpus; que fueron todas estas prácticas nuevas y muy distintas de las coloniales, tanto como las que se hacían en Estado Unidos de América y mayores algunas a las que hiciéronse en Francia, aunque habíanse proclamado allá los derechos universales del hombre.

Pero esto como mucho afectaba la tradición de los criollos, de sus poderes digo y conciencia ninguna del significado de la independencia entre la población mestiza e india existía, trajo rebeliones en las que se unieron, como ocurrir suele en situaciones parecidas, en que los opresores encuentran en los oprimidos sus aliados mejores; ocurrió así, en aquella Centro América que los pasos primeros daba de republicana vida, después de tres siglos de dura herencia colonial que dejadole habíamos (los adelantados, digo que no yo).

Uniose, pues, el clero más conservador, los criollos que querían la independencia para no tributar a España, pero continuar con todos sus privilegios de manera más provechosa, y a ellos agregose la masa explotada de nativos y mestizos que, en su ignorancia, veían en los cambios iniciados, al mismísimo demonio; que por eso, en una epidemia de cólera morbus a los morazanistas (liberales) acusaron de haber envenenado las aguas y de este modo después de saqueos y levantamientos y atemorizar a la población de ciudad Guatemala, sobre todo, y luego también que el tal Francisco Morazán, presidente de toda Centroamérica no quisiera convertirse en dictador, como proponíanselo  las principales familias criollas y más conservadoras (especie de verdadera aristocracia tropical) de Guatemala, acabaron con la tal revolución  y dieron inicio a la de ellos, que con razón pasaron a llamarla, unos, contra revolución y, otros, contra reforma; pero que más conócese  como Restauración Conservadora; porque  todo consistió en retornar a la época colonial, pero sin rey del que pendiente estar, mas sí en todo lo demás; pues devueltos le fueron a la Iglesia católica los bienes confiscados y su derecho o potestad de educar o evangelizar como habíanlo hecho hasta el 15 de septiembre aquel; también a no permitir libertad de imprenta, como decíase entonces a los que opinaran contrario a los dictados de la tal Restauración y sobre todo de su tal restaurador un mestizo de nombre Rafael Carrera, analfabeto, destazador de cerdos y asaltante de caminos en años anteriores, aunque lo de analfabeto hasta el final de sus días prácticamente, pues a duras penas logró escribir su nombre y de lo cual, sentíase orgulloso, como debió sentirse en la ocasión que antes de proclamado ser gran restaurador de lo colonial o conservador, asolado había con su ejército a la ciudad de Guatemala y saqueado todo lo encontrado al paso y violado mujeres muchas en aquella fecha aciaga para familias de la ciudad, pero feliz para él y su ejército.

Así, Centroamérica toda sumióse desde 1839 hasta 1871 en una  Edad Oscura, en que la persecución, la inexistencia de públicas libertades y en el  que la ciencia y la tecnología  tenidas eran por cosas peligrosas y demoníacas.

En Guatemala hacia 1871 iníciase lo que los más adeptos llaman la Revolución Liberal, aunque tratose en verdad, como culminó ocurriendo en toda Centroamérica, del segundo intento por organizar las repúblicas bajo leyes que no fuesen las que  impuesto se habían durante el colonial régimen nuestro; retomáronse por ello, las reformas que ya habíanse hecho con Morazán y basadas muchas en las ideas que proclamaba el tal José del Valle y otros como Pedro Molina en la misma Guatemala; y vinieron a distanciarse, aunque esta vez no tanto de la Iglesia, porque para esa época era casi todos los curas más liberales de pensar, porque dábanse cuenta en algo lo que en el mundo ocurría, de modo que en estas Honduras, donde la tal Reforma Liberal iniciose en 1876, luego de que consolidárase en Guatemala con los tales  Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, que ayudaron a los hondureños Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa y al poeta cubano que escribió la himno de Guatemala, que acá parece que pasola bien, aunque triste un poco por no ser su Cuba independiente todavía y que amigo era de aquel otro más conocido universalmente, José Martí, que también estuvo su temporada en Guatemala y que por acá igualmente pasó.

Pues este himno a Guatemala  comienza así:

 ¡Guatemala feliz…! que tus aras

no profane jamás el verdugo;

ni haya esclavos que laman el yugo

ni tiranos que escupan tu faz.

Y menciónolo esto porque la Restauración Conservadora de Guatemala tuvo como figura clave al analfabeto de Rafael Carrera, como dicho se ha. Lógico resulta que los versos de la primera estrofa hacen referencia, más que a España, a los años de opresión que vivieron, sobre todo los liberales, durante los gobiernos del régimen carrerista; lógico también es, el cuarto verso en el que alúdese a los tiranos, que por cierto Guatemala tendría más, como aquel que sirvió de inspiración al tal Miguel Angel Asturias, autor de notables cuentos y magníficas novelas, quizá la más famosa de ellas EL SEÑOR PRESIDENTE, que alude a otro tirano que escupió la faz a los guatemaltecos, el tal Manuel José Estrada Cabrera, que dictó el destino de los guatemaltecos, en esos años, que fueron guatepeores para la mayoría y que son los de 1898 a 1920; que en esto de estarse bastante en el poder, los Guatemaltecos, mejores son que los hondureños.

En el caso de los hondureños la tradición de golpes de estado mayor es, el primero propinolo José Justo Milla a Dionisio de Herrera en 1827 y el último presenciarlo pude el 28 de junio de 2009, en que diéronlo Romeo Vásquez con Roberto Micheletti  a José Manuel (“Mel”) y también llamado Comandante Vaquero.

Lo que más habido ha en estos casi dos siglos levantamientos son, o asonadas y golpes de estado y proclamas tantas, muchas de las cuales llamádolas han revoluciones sin lo ser, como, la más patética de todas que ocurrió en 1924, en que luego de un levantamiento armado contra el aprendiz de dictador, Rafael López Gutiérrez, porque serlo no pudo, pues derrocado o depuesto fue; y  llámanle los que triunfantes salir, Revolución, sin lo ser en nada. Mas lo que destácase es que precedida  estuvo por una intervención de Estados Unidos, lo que entrar en cólera que indigna, hizo, como dícelo en los sus versos, al poeta Froilán Turcios, quien también fue Ministro en algunas ocasiones y Secretario de Relaciones Internacionales de aquel tal Sandino de Nicaragua.

 Una de las últimas revoluciones que aquí hubo fue la llamóse Revolución Moral, que su creador y propulsor ya muriose y que critícanlo muchos hoy, sobre todo los que añoran al Dictador Tiburcio Carías, su mano dura, por les haber abolido el Servicio Militar Obligatorio, este Beto Reina que presidente fue de estas Honduras con esta su revolución moral, que en algo lograr pudo, como dicen, ponerle el cascabel al gato y fue el de acabar con el poderío enorme de los militares que enquistádose habían en todas las instituciones del Estado que por eso algunos decían que Honduras era, un ejército con un Estado y no un Estado con un ejército; pues que con su moral revolución o revolución moral, al menos el Beto Reina este los dejó al margen de negocios muchos que hacían con las instituciones del país que controlado habían por cuatro décadas y abolió también el servicio militar obligatorio y el reclutamiento forzoso que una cacería de jóvenes era y devolvióle, en parte, el sentido de civilidad a la población común y silvestre, rural, digo.

Y según investigado he, los mejores financistas y comerciantes fueron en esas cuatro décadas, los militares, porque muchas empresas exitosas parecían tener, y dígolo así, porque en menos de una década, luego que quitárales este tal Beto Reina,  el jefe de los revolucionaros morales, el control de las instituciones estatales, las sus empresas quebraron todas, incluida una enorme fábrica de cemento que regaládoles habían y que producía casi el 70% del cemento que consumíase acá, y que no sabiendo administrarla mejor vendiéronla a unos franceses y que el dinero de la venta no sábese ( o sí sábase, pero hacen que no lo saben, y no como aquel filósofo griego que sí sabía lo que decía, cuando decía, que “Sólo sabía que nada sabía”)  en qué manos quedó, sin embargo, en voz baja, es decir, en cafetrías y lugares así, pero sin lo decir por otros medios con detalles, sino en lo general, si dicen que las tales empresas no eran más que fachada, meras lavanderías de dinero mal habido, del mucho que desvíase y contribuye al surgimiento de nuevos ricos, sin ser unos nuevos Tomás Alba Edison o uno Bill Gates, es decir, que descubierto han todos los estados del agua, según creciendo han ido, lo mismo que otras cosas de la naturaleza, pero de inventar, sólo revoluciones de las que nunca conclúyense.

Existen también revolucionarios que las revoluciones hacen sin tiros ni declaraciones de independencia (amorosas sí) y que son los más cómodos y felices revolucionarios que el mundo conocido ha, y que no son otros que los revolucionarios de cafetín, que son estos los de mayor abundancia en estos lares y conócense por hacer todas las revoluciones soñadas y por soñar con sus pláticas, mañana, tarde y noche; en ellas critican, censuran, proclaman, postulan, cambian las constituciones, condenan lo mismo a Sócrates que al Marx, a Kant que a Ortega y Gasset y a todo el que cuza por su plática y, al final, cuando culmina la conversación del día, salen de esa burbuja de ilusión fugaz a refugiarse resignados a la realidad circundante, sin la fortaleza mental y el arrojo de los héroes de la tragedia griega, sino con la amargura de los que nunca hicieron nada, sino pasarse la vida en componendas verbales en las que hasta las leyes del universo son suplantadas en su rica imaginación conspiradora y planificadora, porque ambas cualidades tienen.

Estos revolucionarios existiendo siguen, pero han evolucionado con la tecnología y hoy, igual que los sus oponentes o que en el otro extremo ubícanse, pues no quieren que  la naturaleza, los seres o las cosas sufran cambio, como nadie evitarlo puede, organizado se han en redes y ampliado su grupo de interlocutores, de modo que hoy hácese por la internet la revolución virtual, que es la más grande, poderosa y pretendida revolución global que un mortal imaginarse pueda de todas cuantas existido han desde que el humano ser inventase ha ya muchos siglos, la escritura para constancia dejar de sus revoluciones y revelaciones que la imaginación proporciónales de cuando en cuando.

Trátase, pues, dicen, unos de la revolución global, que será el antídoto de la globalización imperialista del capital, según las más entusiastas mentes de este movimiento, que aquí muchísimos militantes tiene y son todos de palabras y frases muy ametralladoras y explosivas, pero de acción poca o ninguna.

Estos revolucionarios de la red o revolucionarios virtuales, tienen su contraparte, que son todavía más, en aquellos que gústales cambiar el mundo y a las personas a través del teléfono; pásanse estos el día llamando a cuanto programa de radio o televisión pueden, quejándose unas veces o dando instrucciones de cómo las cosas han de hacerse por los demás, aunque ellos nada de importancia hagan por cambiar su vivir; sino que critican lo que otros hacer e indícanles como hacerlo sin ellos haber tenido éxito en nada; que estos son la mayoría.

Mas la mayoría de personas no son ni revolucionarios virtuales ni telefónicos ni de cafetín, sino gentes humildes e inconformes que un mejor futuro quisieran para sus familias y como ellos siéntome en parte yo, pero por lejos estar de amigos y familiares y sin futuro a la vista para volver luego y dejar de ser y estar atrasado en todo con esta crónicas que acabar por adelanto no puedo.

Concluyo, pues, esta revolucionaria coronica de las revoluciones que no son tales, sino sueños e imaginaciones, es decir, todas virtuales.

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