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Es una situación difícil en la que se encuentra JOH. Consecuencia de su proyecto continuista y las peculiaridades de su consolidación. Llegó y se aferró al poder no por el voto popular, puesto que su liderazgo jamás arraigó en las masas, sino por la red de alianzas forjadas dentro de su partido y fuera de este.

Logró construir una estructura entre dirigentes de su partido y tender puentes con algunos líderes de la oposición, aprovechando, en unos, la intensidad de sus miedos aldeanos, de sus resentimientos personales y de las luchas internas de poder, que los terminaron llevando a dar la espalda a su partido, y en otros, espoleando las ambiciones personales obstaculizadas por la prohibición de la reelección, las que se potenciaron cuando vieron, en la inconstitucional sentencia que habilitó la reelección, la oportunidad de participar en la contienda electoral. Consciente o inconscientemente, estos dirigentes le allanaron a JOH el camino hacia el poder.

También los empresarios, a quienes tiene permanentemente bajo amenaza de persecución fiscal y de desplazamiento forzoso de sus posiciones en el mercado. Sus miedos cavernarios fueron más fuertes que sus intereses capitalistas, provocados por el temor de que vía la Alianza se filtrasen ideas peligrosas, con ejemplarizantes modelos entre nuestros vecinos del sur. No dudaron, entonces, en entregarse a la causa continuista, pese a las costosas consecuencias económicas que ese apoyo entrañaba.

Se aprovechó del resultado de su primer gobierno: convertirnos en el país más pobre de América, según datos de la Cepal ¡más pobres que Haití! Las masas empobrecidas por su pésimo gobierno respondieron, bajo un férreo control burocrático de verificación, a sus dádivas (Bono 10 mil, Bolsa Solidaria y demás humillantes mecanismos que la cooperación internacional aplaude y financia), como revela la última investigación de CEDOH.

Al interior de su partido, escaló hasta el vértice de la jerarquía, pasando por los cargos burocráticos más importantes y asegurándose lealtades personales en los cuadros técnicos, así como el respeto a su trabajo de los liderazgos locales. No fue su carisma el que se impuso, fue su estilo burocrático, que ahora prodiga desde el poder cediendo cargos públicos a cambio de apoyo partidario.

Durante su primer gobierno se preocupó por construir un estamento uniformado a su servicio y entusiasmar a los militares con apoyos inéditos a sus fuerzas, pero a cambio de involucrarse en cuestiones de orden público interno, como si fuesen policías. Cuando estos sufran las consecuencias de este apoyo, como resultado del informe de la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos en Honduras, en ocasión de la represión y muertos en las manifestaciones populares en contra del régimen, entonces podrían convertirse en un factor de desestabilización de este.

Todo este entramado de lealtades forzadas podría colapsar si JOH veta las reformas a la Ley de Privación de Dominio que aprobaron masivamente sus diputados y aquellos de la oposición que se sienten amenazados por esa ley, y, además, ordena a la Sala de lo Constitucional desestimar la acción de inconstitucionalidad en contra de la MACCIH que, veladamente, promueven los diputados investigados por esta. De tomar estas decisiones se enfrentaría a esos diputados, quienes tendrían sobradas razones para pensar que los ha abandonado a su suerte (léase a la justicia) y, a su vez, generaría preocupación entre los uniformados, temerosos de correr la misma suerte, en caso de ser perseguidos por violación a los derechos humanos.

Si no veta las reformas y ordena que la Sala estime la acción de inconstitucionalidad, el problema será con la comunidad internacional, cuyos representantes locales han sido muy claros sobre la posición de sus representados, reforzada por la emisaria de alto nivel “trumpiano”, portadora, además, de noticias alarmantes para el autoritario régimen. La dramática disminución del flujo de recursos externos podría ser la respuesta desde el exterior, lo que sería fatal para este régimen, cuyo presupuesto, según un alto funcionario suyo, es insostenible por la imposibilidad de financiarlo, entre otras causas, por el alto costo burocrático, es decir, que acomodar el presupuesto a la realidad implicaría despidos masivos de sus correligionarios. Otro factor de desestabilización de su régimen.

En conclusión, JOH tiene razones suficientes para preocuparse por los efectos de esas decisiones, no por la reacción de la oposición, la que solo le provocará una sonrisa complaciente, sino por las reacciones de su propio partido, de los estamentos uniformados y de la cooperación internacional.

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